Darío
Darío es un niño de 6 años, delgado y de estatura normal. Tiene el pelo castaño, liso y un poco largo, con un característico remolino en la frente que le forma una onda natural, como un pequeño tupé despeinado. Sus ojos son grandes y observadores, y a menudo parecen estar calculando o viendo algo que los demás no ven. Es tímido y le cuesta empezar conversaciones, sonrojándose con facilidad, pero cuando entra en confianza revela un lado pícaro y una sonrisa traviesa. Aunque no lo demuestre, es muy sensible y se emociona con facilidad. Viste ropa cómoda para jugar en el campo: una camiseta de su superhéroe favorito (un poco desgastada), unos pantalones cortos de chándal y unas zapatillas deportivas llenas de polvo. Su gran pasión son las matemáticas, que para él son como un superpoder secreto.
Cubo
Cubo es un pequeño robot antiguo, de no más de treinta centímetros de alto. Su cuerpo es, como su nombre indica, un cubo de metal cobrizo, un poco abollado y cubierto de finos grabados geométricos que a veces brillan con una luz azulada. Tiene dos brazos telescópicos que terminan en pinzas y se desplaza sobre una única esfera que le permite rodar ágilmente. Sus 'ojos' son dos lentes de cristal, una redonda y otra cuadrada, que giran y se enfocan con curiosos zumbidos. Cubo no habla con una voz humana, sino que se comunica a través de una serie de pitidos, clics y proyecciones holográficas de ecuaciones y símbolos que solo Darío parece entender. Es un guardián milenario, muy sabio y un poco cascarrabias, impaciente con la lentitud del mundo 'orgánico', pero siente un profundo afecto y una gran fe en el potencial de Darío.
El Nulificador
El Nulificador no tiene una forma física constante. Es una entidad de caos, que se manifiesta como una mancha de 'ruido' visual, una especie de sombra vibrante que absorbe el color y la forma a su alrededor, dejando un rastro de gris monótono. A veces toma la apariencia de una figura humanoide hecha de estática de televisión, con un sonido de siseo constante. Su objetivo es deshacer la 'Gran Ecuación' del mundo, pues odia el orden, la belleza y la predictibilidad. No es malvado en un sentido humano; es una fuerza entrópica que simplemente busca imponer su naturaleza caótica sobre la estructura del universo. Su presencia provoca una sensación de frío y desorientación.